FRAGMENTO DE GUION (2004)
COMEDIA DE ESTILO SESENTOSO, SIMILAR A "EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO" DE STANLEY KRAMER.
EXT. PUENTE DEL ROSEDAL - NOCHE
Título: Buenos Aires, 28 de diciembre de 1999.
La cámara enfoca un cartel que dice: "No molestar a los patos." Lentamente abrimos el plano y revelamos el Parque del Rosedal, el lago y, al fondo, a un hombre cerca del borde del agua. Es ADOLFO. Tiene unos 40 años. Viste de manera elegante, usa un traje fino y caro.
Adolfo enciende su último cigarrillo, inhala profundamente, su mirada perdida se posa en el puente. Con un gesto desinteresado, arroja la cajetilla vacía al agua. Las suaves ondas que provoca parecen hipnóticas. Sobre la superficie del lago, se dibuja el título de la película: "La noche de los inocentes".
Cuando las ondas del agua se detienen, algo ha cambiado: una sombra en la cornisa del puente que antes no estaba. Adolfo se acerca con curiosidad para ver mejor y descubre a un hombre mayor. Es MARCOS, de unos 80 años, aferrado a la baranda. Su aspecto es tierno, frágil, vulnerable. Está emocionalmente destrozado.
Adolfo comprende que el viejo está por saltar, pero antes de poder decir algo, Marcos cae al agua. Los patos estallan en gritos y aleteos descontrolados.
El tiempo parece detenerse. Marcos se ahoga y no hay nadie más alrededor.
Adolfo se quita el saco y se lanza al lago. Nada hacia Marcos. Busca en la oscuridad bajo el agua. Los cuerpos se agitan frenéticamente, en una lucha caótica por la vida. Al fin, Adolfo logra agarrar al viejo y lo lleva a la superficie. Marcos jadea, siente el aire regresar a sus pulmones.
EXT. PUENTE DEL ROSEDAL - NOCHE
Algunos minutos después, abatidos en el borde del lago, Marcos sigue aturdido, desorientado, aún conmocionado por lo que acaba de pasar. Adolfo se levanta lentamente, con gesto cálido posa su mano sobre el hombro del anciano y coloca su saco sobre él.
ADOLFO (CON AMABILIDAD)
¿Está mejor?
MARCOS
¿Mejor? Sí... sí...
Marcos trata de levantarse, cuando una voz desde las sombras lo interrumpe.
CONSTANZA (OFF)
¡Mar-cos! ¡Mar-cos!
Marcos y Adolfo giran sorprendidos. Entre los árboles emerge CONSTANZA, una mujer de unos 80 años. Marcos sonríe, pero es una sonrisa débil, poco convincente.
MARCOS
¡Constanza!
Constanza se acerca a Marcos y nota que está empapado.
CONSTANZA
¿Qué pasó?
MARCOS
(como un niño que se disculpa)
Me caí.
Adolfo, sin embargo, no puede dejar que la gravedad de la situación se diluya. Se adelanta para aclararlo.
ADOLFO
Señora, se tiró.
CONSTANZA
(incrédula)
¿Te tiraste?
MARCOS
Te estaba esperando... y me caí sobre los patos. El señor me sacó.
Adolfo insiste, intentando hacer entender lo que realmente ocurrió.
ADOLFO
Señora, estaba trepado en la baranda.
Constanza, ahora preocupada, mira a Marcos con seriedad.
CONSTANZA
Gracias...
ADOLFO
¿Puedo ayudarla?
CONSTANZA
No, no... Vaya, ya hizo bastante. Que Dios lo bendiga.
Constanza le devuelve el saco a Adolfo y todo parece resuelto. Adolfo comienza a alejarse lentamente, pero cuando apenas han pasado unos segundos el sonido de los patos alborotados renueva la situacion de crisis. Constanza y Marcos se ahogan en el lago, agitan los brazos mientras se hunden.
Adolfo maldice. No le cabe el rol de héroe pero la realidad es inevitable: si no actúa, nadie lo hará. Resopla, resignado, y se lanza al agua para salvarlos, otra vez.
EXT. ROSEDAL - NOCHE
Frente a un pequeño puesto de salchichas y gaseosas, Marcos devora su comida con desesperación. Constanza, mientras tanto, se retoca el peinado con un espejito; su cabello aún gotea. Adolfo se peina y ajusta su ropa, recuperando poco a poco parte de su aspecto pulcro.
MARCOS
(mientras mastica con entusiasmo)
Mmm... El agua siempre me da hambre.
(a Constanza)
¿Me pasás la mostaza?
CONSTANZA
(sin dejar de maquillarse)
El médico te la prohibió. Después te cae mal.
MARCOS
(ignorando a Constanza, volviéndose a Adolfo)
¿No se va a comer las papas fritas?
Adolfo niega con la cabeza, y Marcos se abalanza sobre las papas. Constanza lo mira, meneando la cabeza.
CONSTANZA
Marcos, al menos agradecé.
MARCOS
(con la boca llena)
Mmmchas ggracias.
Constanza, ya completamente arreglada, se centra en Adolfo.
CONSTANZA
Lo que nos ofrece es muy importante para nosotros. ¿Qué tenemos que hacer?
ADOLFO
(quitándole importancia)
Llevar algunas cosas. Papeles, paquetes, cartas...
MARCOS
(sin dejar de comer)
¡Ah! ¿Vamos a ser carteros?
ADOLFO
Sí, algo así.
CONSTANZA
¡Qué bueno!
MARCOS
¿Las cajas son muy pesadas?
CONSTANZA
(exasperada)
¡Marcos!
MARCOS
Es que tengo un tironcito acá...
CONSTANZA
El señor nos está ofreciendo un trabajo.
(ingenuamente)
¿Qué importa lo que tenemos que hacer?
Las miradas sostiene el cierre de la escena.
EXT. ASILO - NOCHE
Un Honda gris entra en cuadro. Es el auto de Adolfo, que estaciona frente a una antigua casona cuyas ventanas traseras dan a las vías del tren. Constanza y Marcos descienden del coche. Marcos parece distraído, con la mente en otra parte. Desde el auto, Adolfo les extiende una tarjeta personal.
ADOLFO
Aquí tienen mi dirección y mi teléfono. Si se pierden, llámenme.
MARCOS
(eructando)
Tenías razón, la salchicha me cayó pesada.
CONSTANZA
Marcos, ¿no tenés otra cosa que decir?
MARCOS
(pensando)
Que no comimos postre.
Constanza, sin saber cómo reaccionar, sonríe forzadamente, intentando parecer simpática. Adolfo ríe y se despide arrancando el auto.
CONSTANZA
(molesta)
Podrías haber sido un poco más amable.
MARCOS
No hice nada malo.
CONSTANZA
El hombre nos salva, nos da trabajo, y vos salís con lo del postre.
Marcos, en lugar de responder, usa uno de sus trucos y se hace el distraído.
MARCOS
Perdí mi llavero. ¿Y ahora cómo entramos?
CONSTANZA
Si no querés hacer el trabajo, decilo de una vez. No cambies de tema... Si es así, lo hago sola. No sería la primera vez.
Marcos sigue con su aire despistado un tanto calculado, pero de repente se ilumina.
MARCOS
¡Ah, mirá! ¡Encontré la llave!
La mirada de Constanza cierra la escena.
INT. ASILO - NOCHE
Marcos y Constanza abren la puerta. El vestíbulo está a oscuras. Solo el resplandor de la luna entra por la ventana. Sorpresivamente, se enciende una lámpara y Marcos y Constanza son pescados “in fraganti” por la SRTA GALLO, regente del asilo, junto a los VIEJITOS que viven en el lugar.
SRTA GALLO
¿Qué les pasó?
Constanza y Marcos se miran entre si.
VIEJITA 1
Estábamos preocupados.
VIEJITO 2
Dijimos que nadie debía andar a estas horas por la calle.
VIEJITO 3
Casi llamamos a la policía pero cortaron el teléfono.
El Viejito 4 ve las ropas húmedas de Marcos y Constanza.
VIEJITO 4
¿Está lloviendo?
MARCOS
Contale vos...
CONSTANZA
¿Yo...?
MARCOS
Sí, del gatito ese... el que se cayó al agua y del patito que lo quiso rescatar...
La Srta Gallo que los conoce muy bien y sabe de los permanentes trucos, interrumpe a Marcos.
SRTA GALLO
No, no digan nada. Para que me vengan con uno de sus cuentos... pero después si se enferman no se quejen. Ahora todos a dormir.
Marcos y Constanza, seguidos por el resto de los Viejitos, suben la escalera. Cuando Marcos pasa delante de la Srta Gallo, se detiene por un instante.
MARCOS
(cómplice)
¿Ya cenaron?
SRTA GALLO
Sí, por supuesto.
MARCOS
¿Y hubo postre?
El rostro severo de la Srta Gallo cierra la escena.
INT. IGLESIA – DÍA
La luz matinal entra por el vitral de una pequeña iglesia. Una mujer de espaldas reza de rodillas. Es Constanza. Su balbuceo es apenas audible. Marcos permanece parado más atrás, observa todo en silencio. Cuando Constanza termina su oración, se levanta y camina junto a Marcos hacia Padre Ariel, un anciano que parece tan viejo como ellos. Se mueve con lentitud. En su mano, sostiene la cabeza de la Virgen María, que ha sido decapitada.
PADRE ARIEL
(muy enfático y enojado)
¡Sucios, crueles y herejes! Los males caerán sobre vosotros... El Señor enviará un ejército de ángeles... un demonio aniquilador... ¡y no habrá lugar donde esconderse!
MARCOS
(a Constanza, entre dientes)
¿Hamlet?
Constanza le da un codazo a Marcos y le señala el cuerpo decapitado de la Virgen.
PADRE ARIEL
Si pudiera ponerle las manos encima a esos salvajes, les rompería la...
CONSTANZA
¡Padre!
El Padre Ariel, sorprendido por la voz de Constanza, se da vuelta con brusquedad.
PADRE ARIEL
¡Es que es la tercera vez en el año que hacen esto!
CONSTANZA
No se enoje, le va a subir la presión.
El Padre Ariel suspira e intenta calmarse.
CONSTANZA
Tenemos buenas noticias. Conseguimos el trabajo.
PADRE ARIEL
¿Qué? ¡Ah! ¡Felicitaciones! Entonces ya podemos preparar el casamiento.
Empiezan a caminar por una de las naves laterales.
MARCOS
¿Ahora?
Constanza lo mira con severidad.
CONSTANZA
Marcos, lo prometiste.
MARCOS
Sí, pero bueno... uno puede cambiar.
PADRE ARIEL
(para sí, mirando al cielo)
Una promesa es una promesa. Y más si se hace ante la Virgen.
MARCOS
(siguiendo al Padre)
Yo no le prometí nada. Solo estaba al lado de esa señora y acepté.
(señala la Virgen decapitada)
CONSTANZA
(enojada)
No se preocupe, Padre. Lo hago sin él.
MARCOS
¿Qué, te vas a casar sola?
CONSTANZA
Sabés bien que esto es más que un casamiento.
MARCOS
No entiendo por qué te querés casar si ya estamos casados.
CONSTANZA
¡Por civil, Marcos!
El Padre se detiene. Los tres quedan frente a frente.
PADRE ARIEL
(severo)
El verdadero casamiento es ante Dios, Jesucristo y los Apóstoles.
MARCOS
¡San Marcos, Mateo y el Papa! ¿Qué es esto, un complot del Vaticano?
PADRE ARIEL
No, Marcos, es un acto de amor.
El rostro avergonzado de Marcos cierra la escena.
INT. CASA DE RODRIGO FUENTES (ESPAÑA) – DÍA
El despacho de una casa en un barrio acomodado, con jardín y piscina. El lugar está abarrotado de objetos, lo que demuestra que el dueño es un comprador compulsivo. De espaldas, en un sillón, está Rodrigo Fuentes, un hombre de unos 45 años, un capomafia violento y lleno de odios. Lleva gafas oscuras y, aunque parece ciego, actúa como si fuera vidente. Al girar, vemos que tiene un arma, con la que empieza a disparar. Los disparos impactan en varias partes del cuarto, pero no tocan las fotos que están sobre el escritorio. Rodrigo palpa el portarretratos con la imagen de su esposa y comprueba que está intacto. Se decepciona.
RODRIGO
¡Ni un tiro en el blanco! ¡Mierda!
Jesús (su hermanastro y mano derecha) entra alarmado. Rodrigo escucha sus pasos.
JESÚS
Llegó una citación judicial.
Rodrigo apoya su arma contra el portarretratos y dispara. La imagen de su exesposa salta contra la pared hecha añicos.
JESÚS
Quieren que declares.
Rodrigo gira en su sillón hacia la ventana. Jesús se agacha a recoger los pedazos de vidrio.
RODRIGO
¿No estaba todo arreglado?
JESÚS
(en cuclillas)
No te preocupes. Los jueces son nuestros. El juicio será solo un trámite.
El rostro desbordado de Rodrigo. Una mosca aletea cerca de sus ojos. Con un movimiento rápido de su mano, la atrapa.
INT. GALPÓN – DÍA
Un depósito lleno de cajas apiladas con mercancías. El lugar tiene todo el aspecto de ser clandestino. En una oficina vidriada, Marcos y Constanza están parados, esperando a alguien. Observan una camarita de seguridad que los enfoca desde un ángulo. Entra Adolfo con una bandeja y tres tazas de té. La deja junto a un paquete sobre la mesa.
CONSTANZA
Disculpe la tardanza. No sé qué pasó. Es la primera vez que nos perdemos, ¿verdad, Marcos?
MARCOS
Sí, sí... Me sé todas las calles de memoria. ¿Quiere que se las diga?
ADOLFO
No, está bien. ¿Por qué no se sientan?
Constanza se acomoda a un lado de la mesa, Adolfo al otro, pero Marcos permanece de pie. Se queda en silencio, avergonzado.
MARCOS
(tímidamente)
Eh... Quería disculparme por lo de anoche.
Adolfo lo mira sin entender.
MARCOS
Fui un poco grosero. No le agradecí lo suficiente.
Marcos se acerca y le da un beso en la frente a Adolfo. Constanza lo mira boquiabierta. Marcos finalmente toma asiento.
MARCOS
(fantaseando)
Constanza me decía que la Virgencita nos iba a responder, pero ya sabe cómo es esto... a veces funciona, a veces no... hasta a un santo le pueden salir mal las cosas.
Las palabras de Marcos generan un clima de incertidumbre en Constanza y Adolfo.
MARCOS
¿Usted es creyente?
ADOLFO
Algo.
MARCOS
¿Por qué no le das lo que trajiste?
Constanza saca una estampita de su cartera y tímidamente se la entrega.
CONSTANZA
Es una pavada...
MARCOS
¡Ninguna pavada! ¡Tiene superpoderes! ¡Hasta logró convencerme de casarme!
CONSTANZA
¡Ahora resulta que te casás por la Virgen!
Constanza se pone de pie y toma el paquete. Adolfo sigue la situación, cada vez más confundido.
CONSTANZA
¿Dónde tenemos que entregar este paquete?
Adolfo señala el papel pegado en la caja.
CONSTANZA
Gracias. ¡Vamos, Marcos!
Ella sale.
MARCOS
(para si)
Otra vez con esa tensión sexual.
Él también se va. La escena termina con el rostro de Adolfo.